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Ocho de cada 100 niños padecen déficit de atención

“No es que no quiera hacer la tarea”, le decía Bruno enfadado a su madre cuando le ayudaba a estudiar en primero de primaria, “es que no puedo concentrarme”. Verónica Lomelí Pizano recuerda que pasaba tardes enteras haciendo la tarea con Bruno. “Era sumamente difícil que pudiera concentrarse en algo que le implicara esfuerzo. Tenía que repetirle hasta 10 veces las cosas y no me hacía caso”.

Cuando Bruno González cursaba primer grado de primaria en una escuela pública, su maestra notó que era más distraído que el resto de los niños. “Tres veces por semana lo llevamos con una maestra de educación especial que nos recomendaron en la escuela”. Pero llegó el fin del ciclo escolar y de nada sirvieron los esfuerzos de las profesoras, ni de Bruno ni sus padres.

Bruno cursó primero de primaria sin aprender a leer. Verónica relata que al finalizar el primer año, la maestra le dijo que podía pasarlo con seis pero que no sabía leer, por lo que sus padres decidieron sacarlo de la escuela.

Bruno tiene varios síntomas del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el cual afecta a 8% de la población infantil. Según el Grupo de Expertos en Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, el padecimiento consiste en la alteración neuropsiquiátrica más común a nivel mundial entre los niños.

En Jalisco, es el principal motivo de consultas de niños y adolescentes en el Instituto Jalisciense de la Salud Mental. Durante 2012, el 56.8% de las consultas fue por trastornos de déficit de atención, es decir, mil 818 consultas.

El trastorno afecta tanto el rendimiento escolar así como los aspectos conductuales, emocionales y sociales de los niños y adolescentes. Ante la falta de un diagnóstico a tiempo, Bruno tuvo que repetir primero de primaria. “Lo cambiamos a una escuela privada, Emmanuel Mounier, y fue entonces cuando su nueva maestra notó que algo andaba mal”. Sus padres lo llevaron con una sicóloga y fue diagnosticado con déficit de atención. Hoy Bruno cursa sexto de primaria y tiene seis años en tratamiento bajo la supervisión de un neurólogo.

El siquiatra infantil y fundador de Caleidoscopio Clínica de Emociones, Conducta y Hábitos Alimentarios del Hospital de Especialidades del Centro Médico Puerta de Hierro, Mauricio Leija Esparza, explica que en la mayoría de los casos el niño nace con el trastorno. “Tiene un componente biológico que se transmite por herencia, pero puede haber otros factores que a veces no podemos documentar porque se generan en el ambiente intrauterino”.

Un nacimiento complicado, un parto prolongado, la falta de oxígeno o hasta un traumatismo craneoencefálico pueden generar un daño en el cerebro que se expresará como un TDAH, señala Leija Esparza.

El cerebro de quien padece el trastorno presenta un daño en la región frontal que afecta la comunicación entre las neuronas: “Comúnmente la neurona lanza una señal química a la otra, avienta un químico que se conoce como neurotransmisor, pero en el caso de quienes padecen un TDAH, hay poca disponibilidad de dopamina (neurotransmisor) en el espacio sináptico”.

Quienes padecen TDAH no pueden estar quietos ni mantener la atención por mucho tiempo, se aburren rápidamente y abandonan lo que están haciendo. El especialista certificado por el Consejo Mexicano de Psiquiatría A.C. señala que si los niños no son tratados a tiempo a la larga pueden desarrollar un rechazo hacia las actividades que requieren un esfuerzo mental sostenido: “Los niños de 1°,2° y 3° de primaria todavía están a tiempo de mantener el gusto por el estudio, pero los niños más grandes ya tienen un rechazo hacia las actividades escolares y si no reciben tratamiento se corre el riesgo de no alcanzar un desarrollo profesional en el futuro”.

“A mi hija la discriminaron por tener TDAH”

Tiffany McAuslan Campos tenía seis años cuando fue canalizada con la sicóloga de la escuela donde estudiaba. “A pesar de que es muy inteligente, le iba muy mal en la escuela, era muy distraída y le costaba mucho concentrarse”, explica Patricia Campos, madre de la pequeña.

Después de haber sido diagnosticada con TDAH, la madre se negaba a darle medicamento, pero Tiffany seguía reprobando y entonces decidió someterla al tratamiento. “En la escuela me dijeron que considerara la posibilidad de que tomara el fármaco para salvar el año. Empezamos con el Ritalin y se notó inmediatamente el cambio, estaba más enfocada, menos dispersa, le fue mejor en la escuela, le contraté un monitor para que le diera seguimiento dentro del salón de clases”.

Tiffany logró pasar primero de primaria, “con medicina y monitor, batallando, pero lo terminó”. Lo que Patricia no se esperaba fue la decisión de la dirección del colegio, “a pesar de la mejoría, me dijeron que no podía seguir en la escuela, que la cambiara a otra institución más personalizada con menos niños. Ya no la quisieron aceptar para segundo año”.

Pero Patricia nunca se imaginó que la búsqueda de una nueva escuela para Tiffany resultase tan complicada: “La lleve a varias escuelas de la colonia Providencia y en cuanto les informaba que tenía déficit de atención me decían que no. En varias instituciones me rechazaron a la niña, a pesar de que su diagnóstico reveló un grado de inteligencia promedio alto. Se acercaba la fecha de entrada a clases y yo seguía sin encontrar un lugar”.

Finalmente, la niña fue aceptada en el Pierre Faure, quince días después de que iniciara el curso. Para su madre, lo que más le afectó fue la discriminación que sufrió por parte de los colegios privados. Pero también le ha costado enfrentarse a la poca información sobre el TDAH en las escuelas: “Los maestros no están preparados para atender y dar seguimiento a estos niños, no dan una atención muy personalizada”.

Las cosas mejoraron cuando Tiffany comenzó a tomar la medicina y a visitar a su terapeuta conductual. “Hoy tiene un mayor aprovechamiento escolar, definitivamente el medicamento es la diferencia entre el fracaso y el éxito escolar, hay un antes y un después”.

Sin embargo, su madre comenta que luego de seis meses de tomar el fármaco Tiffany sigue siendo impaciente, impulsiva, traviesa y desorganizada, “en su cuarto, con sus cosas, se le pierden sus útiles, sus juguetes o zapatos en la casa”.

La inquietud de Tiffany se percibe en el primer instante en que se acerca. La pequeña de seis años platica que le gusta ir a la escuela para convivir con sus amigos, aunque las clases a veces se le hacen aburridas. “Le encanta español y música, pero las matemáticas sí se le complican porque no las entiende”.

Patricia Campos reconoce que ella también padece de déficit de atención, pero nunca lo supo hasta que Tiffany fue diagnosticada y pudo entonces conocer e identificarse con la sintomatología del trastorno. “Cuando yo era chica no se escuchaba de este padecimiento, yo desde siempre he sido muy impulsiva, incluso he tenido por ello problemas interpersonales; me falta paciencia y llevo una vida muy desorganizada. He vivido una vida más difícil y con más obstáculos”.

Sin embargo, la falta de diagnóstico no le impidió a Patricia estudiar la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Autónoma de Guadalajara, hacer una especialidad en Hospitalidad en Toronto y ejercer su profesión.

Problema de salud pública

Al tener una prevalencia de 8% de la población infantil, el psiquiatra Leija Esparza considera que se trata de un problema de salud pública, pues cuando la diabetes tenía la misma prevalencia fue considerada como un problema de salud. Sin embargo, el doctor explica que las autoridades sanitarias dejan siempre en un segundo plano los problemas relacionados con la salud mental, “todavía hay cierto estigma de diagnosticar trastornos mentales”.

“El principal problema es que las instituciones públicas y privadas no están atendiendo ni al 10% de los niños con déficit de atención”. Según el médico, no existe esa capacidad y hacen falta más psiquiatras infantiles para atender a los niños. A esto se suma la falta de información entre la población.

Recomendaciones para los padres

A un niño con TDAH lo que más le falta es estructura, por ello necesita contar con orden, unos padres organizados, reglas muy claras, rutinas y aprender a predecir las respuestas de los padres por sus actos.

Fije horarios para levantarse, comer, jugar, ver TV y acostarse.

Simplifique las reglas. Si va a dar una regla hágalo de manera simple.

Asegúrese que las reglas o instrucciones sean comprendidas.

Premie el buen comportamiento del niño. Los premios para estos niños deben ser concretos y confiables. No prometa algo a largo plazo, las promesas a largo plazo pierden su efecto. Puede hacer una gráfica con puntos para un buen comportamiento o usar fichas o puntos que sean canjeables por algo que él elija.

Procure supervisarlo en todo momento.

Fije un lugar para hacer la tarea lejos de distracciones (TV, video, juegos, radio, ruido).

No elimine ningún alimento de la dieta del niño (incluyendo golosinas), los niños con TDAH pueden comer exactamente lo mismo que come un niño sin este problema. Los niños se sienten muy frustrados si se les prohiben los dulces, los chocolates, alimentos con cafeína o los refrescos. Como todo padre, solo asegurese de que el consumo de éstos alimentos sea moderado y que su hijo reciba una alimentación balanceada.

Estimule la atención de su hijo con juegos de memoria, rompecabezas, crucigramas, ajedrez o cualquier otro juego de estrategia. El niño debe entender que el esfuerzo mental puede ser divertido.

La práctica de un deporte es buena como para cualquier otro niño. Es necesario entender que la finalidad del deporte no es cansar o agotar las energías del niño para que se mantenga más tranquilo, habitualmente no funciona así. Sin embargo el deporte tiene muchos beneficios en la salud física y psicológica de los niños. Deje que su hijo elija el deporte que más le interese y aliéntelo.

Papá y mamá deben ser siempre un equipo. El niño tiene seguridad al saber que sus padres están de acuerdo en la forma de educar, ya que si mamá dice una cosa y papá otra se confunde más o aprende a manipular. Esto es importante aún cuando los padres están separados o divorciados.

Los padres deben mantener contacto estrecho con la escuela, deben solicitar información por escrito relacionada con la conducta y el rendimiento académico de su hijo. Los maestros pasan muchas horas al día con sus alumnos, en ocasiones más que los propios padres, por ello es de mucho valor la información que los maestros puedan proporcionar. Es de mucha utilidad que esta información se le haga llegar al médico.

En caso de que su hijo ya esté bajo tratamiento farmacológico, debe supervisar constantemente que tome los medicamentos prescritos por el médico. Los niños no son responsables de la toma de los fármacos.

No se alarme por la información que encuentre en Internet en torno a los medicamentos psiquiátricos infantiles. Habitualmente la información es errónea. El médico es un especialista que siempre utilizará medicamentos aprobados para su uso en niños.

No disminuya las dosis de los medicamentos por recomendaciones de familiares, amigos u otras personas, al hacerlo el efecto puede ser nulo y esto retrasaría el proceso terapéutico.

No combine los fármacos prescritos por su médico con tratamientos naturistas u homeopáticos (a menos que su médico lo autorice) . Los extractos de plantas pueden ser igual de tóxicos que cualquier compuesto químico. Algunos extractos contienen sustancias aún no completamente identificadas y pueden tener interacciones con los medicamentos.

Un antes y después de la medicación

Verónica Lomelí rechazó en un principio que Bruno fuera medicado: “Me puse como loca, yo no quería que a los seis años mi hijo estuviera tomando Ritalin todos los días. Pero los cambios en la escuela fueron impresionantes, ya no le batallábamos tanto con las tareas, se hizo más responsable y ahora tiene nueve de promedio”. El único efecto negativo que la madre ha notado es la pérdida de apetito en su hijo, pero Bruno sigue siendo el mismo niño inteligente, alegre y amiguero.

Leija Esparza recomienda medicar a la mayoría de los niños cuando se presente un cuadro de disfunción escolar, problemas familiares o cuando se complique la interacción con otros niños. “El fármaco es lo más efectivo para tratar el TDAH, aunque se han diseñado terapias sicológicas u otras formas de intervención sicosocial, el fármaco funciona más rápido”.

El medicamento aumenta la disponibilidad del neurotransmisor facilitando así la comunicación entre neuronas, permitiéndole al niño tener más control sobre sus impulsos e inquietud, e incrementando su nivel de atención.

En México, Leija Esparza subraya que la primera opción es el metilfenidato, el cual funciona en 80% de los casos: “El medicamento es más seguro que el tempra, no genera daño en el hígado, ni en el riñón, es un estimulante del sistema nervioso central, como si le diéramos un café bien cargado al niño que va a estimular ciertas áreas de su cerebro. No es un sedante ni causa aletargamiento”.

El especialista aclara que de no recibir tratamiento, al llegar a la adolescencia existe mayor riesgo de consumir drogas e involucrarse en conductas delictivas. “Algunos padecen depresión o ansiedad al arrastrar una historia de problemas para adaptarse en un ambiente escolar y social”.

SABER MÁS
Detectado desde el siglo XX

El psiquiatra británico George Frederick Still estudió por primera vez, en 1903, el déficit de atención.

Tipos de TDAH:

Predominio del déficit de atención

Predominio de la impulsividad e hiperactividad

Tipo Combinado.

LA CIFRA

56.6% De las consultas de niños y adolescentes en el Instituto Jalisciense de la Salud Mental fue por trastornos de atención

1,818 El número de consultas en Jalisco, durante 2012, por este padecimiento

400 Dólares de subvención es lo que reciben las escuelas en Estados Unidos por cada caso detectado

80% De los Casos, el trastorno se debe a factores hereditarios y no adquiridos en el curso de la vida del menor

¿Cuándo se sospecha que un niño padece TDAH?

Verifique si su hijo presenta los siguientes síntomas

Mueve en exceso manos o pies.

Abandona su asiento en clase.

Corre o salta excesivamente.

Tiene dificultad para jugar con tranquilidad (es ruidoso en sus juegos).

Suele actuar como si tuviera un motor.

Habla en exceso.

A menudo responde antes de que se le haya terminado de plantear la pregunta.

Le cuesta trabajo esperar su turno.

Se entromete en las actividades de otros.

Es descuidado en sus tareas escolares y no presta atención a los detalles.

Le cuesta trabajo mantener la atención en juegos o en actividades escolares.

Parece no escuchar cuando se le habla directamente.

No sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares.

Tiene dificultades para organizar tareas y actividades.

Rechaza realizar actividades que exigen un esfuerzo mental sostenido.

Extravía sus cosas.

Se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.

Es descuidado en las actividades diarias.

LOS MITOS MÁS FRECUENTES SOBRE EL METILFENIDATO O RITALÍN®
Información, para descartar creencias mal fundamentadas

Mito No. 1
El TDAH no existe es algo que inventaron recientemente para justificar a los niños mal portados.

REALIDAD: Más de un siglo de investigación en niños con este trastorno respalda la realidad del trastorno.

Mito No. 2
¡Ahora resulta que todos los niños tienen TDAH!

REALIDAD: Las mayores exigencias a los niños de nuestro tiempo hacen más notable la presencia de este padecimiento. La realidad es que más del 50% de los niños con TDAH ni siquiera están diagnosticados.

Mito No. 3
EL TDAH se debe a una mala educación y falta de disciplina.

REALIDAD: muchas madres de niños con TDAH en realidad utilizan una mayor disciplina que las madres de los niños sin TDAH.

Mito No. 4
El TDAH se quita con ejercicio físico, por ejemplo metiendo al niño a clases de futbol.

REALIDAD: La capacidad de atención del niño no mejora cansándolo.

Mito No. 5
Los medicamentos para tratar el TDAH causan adicción.

EALIDAD: Más bien, el uso de los medicamentos, principalmente el metilfenidato reduce la posibilidad de que en el futuro los niños abusen de las drogas o el alcohol.

Mito No. 6
Dar Ritalín® a los niños es una iniciativa de los gobiernos para controlar a la niñez y permitir ganancias millonarias a las farmacéuticas con quienes se encuentran coludidos.

REALIDAD: Todos podríamos fabricar metilfenidato (Ritalin®) si tuviéramos la infraestructura para hacerlo, los derechos de patente ya han expirado. Además, lo cierto es que muchos niños a los que se les prescribe Ritalin® en realidad no lo toman.

Mito No. 7
Una vez que a un niño se le prescribe metilfenidato necesitará cada vez más cantidad de medicamento.

REALIDAD: La dosis que se prescribe se calcula de acuerdo al peso del niño. Si la dosis es incrementada por el médico, es porque el niño subió de peso no porque se está haciendo adicto.

Mito No. 8
El metilfenidato es un fármaco poco seguro que produce múltiples efectos secundarios.
REALIDAD: El metilfenidato tiene medio siglo de haber sido aprobado por la FDA, la mayoría de las veces los efectos secundarios son moderados y desaparecen en unas semanas.

Mito No. 9
El metilfenidato produce a la larga daños al riñón y al hígado.

REALIDAD: Como en casi todos los medicamentos, el hígado y el riñón participan en la eliminación de fármaco del organismo. Eso no quiere decir que estos órganos se dañen.

Mito No.10
No quiero que mi hijo dependa de un medicamento, quiero que sea libre como los demás niños.

REALIDAD: Todos los trastornos mentales, entre ellos el TDAH, coartan la libertad de los pacientes. El médico busca en realidad liberar a las personas de las limitaciones que produce la enfermedad.

Fuente: Doctor Mauricio Leija Esparza http://paido-psiquiatria.blogspot.mx/p/temas-de-interes.html
 


 
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